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#PronuncimientoADES 

No podemos quedarnos al margen de los sucesos ocurridos recientemente, exacerbados y motivamos por el exceso de polarización que impera en El Salvador. La situación se ha cobrado dos vidas de militantes del FMLN; en un acto de intolerancia política y sensación de impunidad social ante la violencia. No podemos permitir que la sociedad salvadoreña caiga en esta situación.

 

El primer llamado debe ser hacia las autoridades, funcionarios y funcionarias; que ejercen puestos de representación públicos. El “poder” que ostentan no es otro que el de representar a la ciudadanía salvadoreña, aún a quienes no les han elegido, y por eso su trabajo se reviste de un compromiso mayor de infundir respeto y un clima de equidad y espacio tolerante para la discusión ante las disidencias políticas. No debemos aceptar que los representantes púbicos arenguen diferencias, y minimicen actos de violencia, mucho menos que estos mensajes vengan desde la presidencia y, peor aún, que sean replicados y dejen sensación de impunidad a los cuerpos de seguridad del Estado (la Policía Nacional Civil) o incluso a la Fuerza Armada, que debe recordar su papel subordinado y supeditado al poder civil.

Por otro lado, tampoco debemos aceptar caer en la provocación de aumentar la brecha de polarización en la sociedad. No podemos comenzar a utilizar una retórica de manera gratuita; pues solo estamos caldeando los ánimos y no ayudamos a tejer democracia. Necesitamos también representantes a la altura que la realidad exige, que sean capaces de criticar lo que está mal; pero no persiguiendo réditos políticos, sino por genuina identidad con las necesidades de la población.

Nuestro papel como sociedad civil organizada es hacer un llamado al diálogo sensato; que es un fruto de los Acuerdos de Paz. Necesitamos rescatar de la polarización y el populismo la posibilidad de dialogar, de no estar de acuerdo; pero no de violentar el derecho al otro a pensar diferente. Como democracia que somos, nuestro modo de decidir es en elecciones informadas, libres e igualitarias y no podemos permitir que se utilicen vidas humanas para ganar simpatías. Tampoco que se utilicen los puestos de servicio público, como es la presidencia o los ministerios, para hacer campañas.

Por eso, hacemos el llamado como sociedad organizada a que se respete la vida humana y se evite que esta quede en manos de la polarización. El Estado debe recordar su gran responsabilidad en esta materia; pero también los demás actores políticos. Si no, solo estamos alimentando una fractura social cuyo final desconocemos, pero podemos empezar a temer.

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