Radio Victoria, 28 años promoviendo el derecho humano a la comunicación

Por José M. Tojeira

En Centroamérica el periodismo ha estado durante mucho tiempo asociado con la violencia. Las guerras de nuestros países, los grupos de exterminio, la violencia común, últimamente las pandillas, aparecían y continúan apareciendo continuamente en nuestros medios de comunicación. La violencia es parte de nuestro paisaje en todos los informativos. Algunos medios de comunicación, especialmente en el pasado, sirvieron también para atizar la violencia. Los insultos, ataques y frases violentas se multiplican hoy especialmente en ese medio de comunicación abierto a todos que son las redes. Muchos periodistas han sido víctimas de la violencia. Y ahí Honduras se lleva la palma, aunque no faltan víctimas en los restantes países del CA-4. Dado que en sus orígenes el periodismo era también una forma, esta vez de la sociedad civil, de control del estado y de los abusos del poder, no es raro que haya estado en muy diversas ocasiones sujeto a la persecución del poder. Opinar, informar, ejercer el derecho a la crítica a través de los medios, es más necesario cuando hay abuso de poder, pero también es más peligroso hacerlo en esos tiempos oscuros.

 Por otra parte, en la evolución de los medios de comunicación, la información pasó de ser un medio de control contra los abusos del poder, a convertirse en poder. El cuarto poder, solían decirle al sector informativo hace algunos años. Y con la conversión al poder, una buena parte de la información sufrió el proceso de corrupción que todo poder tiende a desarrollar. El capital, la política o distintos sectores de influencia de la sociedad civil, trataron desde muy pronto de posicionar medios de comunicación amigos como elementos de poder, con agendas informativas parciales y favorables a determinados intereses, no siempre los más democráticos o los más coherentes con los derechos humanos. Los profesionales del periodismo sufrieron así múltiples presiones que les obligaban a informar desde la perspectiva de amigos o enemigos de los intereses de los dueños de comunicación. En algunos países se llegó a crear verdaderos oligopolios de la información. Muchos periodistas resistieron y lucharon contra la manipulación. Y en la actualidad, las posibilidades de comunicación e información surgidas a partir de internet, llevó a un buen grupo de periodistas a optar por una nueva dimensión comunicativa, más libre e independiente, más fiel a los datos y más coherente con la idea madre fundacional de los medios: la crítica de los abusos del poder. Es en buena parte hacia estos nuevos sectores hacia los que se dirige hoy la crítica de los gobiernos.

El filósofo Gianni Vattimo tiene una definición de la violencia que ilumina la realidad de nuestro periodismo. “La única definición filosófica posible de la violencia – decía – es que ésta acalla toda nueva pregunta”. Y aunque la violencia puede llegar hasta el asesinato, la raíz de la violencia está siempre unida al rechazo de las preguntas que conducen a enfrentar la verdad de los hechos. Las “fake news”, la importancia de sustituir la verdad por el impacto emocional de hechos deformados en estas épocas de “posverdad”, el lanzamiento masivo de mensajes en twitter, emocionalmente manipulados, han sido los mecanismos de defensa del poder frente al pensamiento crítico y la información veraz de periodistas que tratan de acercarse a la realidad desde los hechos y sus causas.

En El Salvador, afortunadamente, estamos en esa primera etapa que trata de silenciar información y opiniones contrarias al poder a través del mercado de charlatanes. No es tema nuevo. Ya desde hace muchos años a quienes se oponían a la versión de la realidad brindada por los militares, o por las asociaciones del capital, se les solía tildar de comunistas como una forma de amenaza y amedrentamiento. Hoy, con el desgaste de las acusaciones de comunismo, a quienes se mantienen fieles a la búsqueda de la verdad se les tilda de enemigos de los cambios, de la voluntad del pueblo o de la misma verdad. Y se desencadena contra ellos a troles, fanáticos y vendedores de opinión calificados por su versatilidad ideológica. Pero a pesar de todo, y en el largo plazo, la construcción de un futuro más democrático y justo pasa por apoyar al pensamiento crítico y a los periodistas que se toman en serio la vocación profesional de mostrar la realidad y combatir los abusos y los olvidos del poder. Porque la verdad puede en el corto plazo ser sofocada por el poder y sus mecanismos mediáticos o incluso directamente violentos. Pero quienes quieren aplastar la verdad no tienen un sustituto para la misma. Y eso hace que, a la larga, quienes luchan en favor de la verdad, acaben ganándole la partida a los tejedores de telarañas mediáticas de pompa y falsedad.

En ese sentido, apoyar el periodismo crítico, aunque esté en minoría, es un paso fundamental para ir dejando atrás la cultura de la violencia que tanto daño deja en nuestra tierra.

­