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Por ARPAS

La gran mayoría de medios, opinadores y actores políticos destacan en sus análisis el mensaje específico de descontento hacia el gobierno y el FMLN en las pasadas elecciones legislativas y municipales. Otros se refieren al mensaje general de rechazo a todos los partidos políticos y su “partidocracia”.

Pero nadie se refiere al mensaje de rechazo a las reformas electorales implementadas por la Sala de lo Constitucional: voto por rostro, candidaturas independientes, listas desbloqueadas, voto cruzado y demás medidas que -supuestamente – buscan transparentar, ciudadanizar y hacer más participativo el sistema político – electoral salvadoreño.

El alto porcentaje de abstención y votos nulos también es un claro mensaje de rechazo hacia esas reformas promovidas por los magistrados Belarmino Jaime, Florentín Meléndez, Rodolfo González y Sidney Blanco, quienes – por petición de FUSADES, ANEP y otras instancias de la derecha oligárquica – han modificado el sistema electoral reformando la Constitución vía sentencias judiciales.

¿Por qué estas medidas no incentivaron una mayor participación del electorado en los pasados comicios? ¿Será que el camino hacia un sistema electoral más transparente, ciudadano y participativo no es el que ha trazado la Sala y la visión antipartido de quienes promueven tales reformas?

Por eso es necesario abrir un debate serio y profundo sobre cuáles son realmente las reformas legales, institucionales y constitucionales necesarias para elevar la participación ciudadana, transparencia del sistema electoral, representatividad de los funcionarios electos y legitimidad de los resultados electorales.

En este espacio editorial planteamos la participación directa de la población en las decisiones trascendentales del país, estableciendo mecanismos de consulta popular como el plebiscito y referendo. La democracia participativa, en lugar del antipartidismo hipócrita, podría generar mayores niveles de participación, transparencia y ciudadanización del sistema político – electoral.

Ojalá que las organizaciones progresistas y sectores democráticos retomen este mensaje ignorado por los actores dominantes, y comiencen a promover propuestas de democracia participativa, ante el agotamiento evidente de la democracia representativa.

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