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Por ADES

Se cumplen dos años del asesinato de Berta Cáceres, activista de Derechos Humanos en Honduras asesinada el 2 de marzo de 2016, mientras se encontraba en su casa descansando.

El asesinato de Berta deja de manifiesto todo un sistema articulado entre las empresas transnacionales extractivas y el Estado hondureño para eliminar a las organizaciones populares.  Está claro que el Gobierno de Honduras se ha aliado con las mineras y las hidroeléctricas para impulsar megaproyectos que traen enormes ganancias para ellos y grandes pérdidas para las comunidades.

Berta fue asesinada por ser Dirigente de la oposición contra el proyecto de la represa hidroeléctrica Agua Zarca. Actividad que ponía en riesgo la vida de cientos de familias indígenas que subsisten del Rio Gualcarque.

Berta es el reflejo de cientos de activistas en todo el mundo que son asesinadas y asesinados por oponerse al sistema económico, ese sistema que no escucha y consulta a las comunidades, que no le importan los bienes naturales, que no le importa la vida.

El caso de Berta es parecido al de Dora, aquí en El Salvador, que han sido asesinadas por proteger los bienes naturales y cuyos casos no han sido investigados ni esclarecidos, y en donde las empresas nunca son vistas como las asesinas.

Condenamos el asesinato de Berta y llamamos a la justicia de este caso y de otros activistas que han sido asesinados por su labor de defensores y defensoras.

Nos solidarizamos con el pueblo de Honduras y con todos aquellos que sufren  violencia, criminalización, amenazas y acosos por proteger los bienes naturales y por defender los intereses de las comunidades.

Pedimos al Estado de Honduras que asuma su compromiso de investigar verdaderamente y de forma transparente el caso, ya que lo está manejando con total reserva, sin comentar los avances del caso a la familia de Berta y a la organización a la que ella pertenecía.

Se equivocaron tus asesinos creyendo que matando tu cuerpo pararían la lucha de Honduras, esa lucha que también se libra aquí en El Salvador, en Guatemala, en toda latinoamerica. Berta somos todas y todos los que luchamos por una comunidad y un país mejor en cualquier parte del mundo.

A dos años de su asesinato, Berta vive en el corazón de todas las rebeldías. 

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